El 19 de mayo de 1890, en la aldea de Sen, provincia de Nghe An, nació un niño llamado Nguyen Sinh Cung. En aquel momento, nadie podía imaginar que aquel pequeño llegaría a cambiar el destino de toda una nación, convirtiéndose en un líder genial, un revolucionario excepcional, un héroe de la liberación nacional y una figura cultural de talla mundial. La vida del Presidente Ho Chi Minh fue una incansable lucha por la independencia y la libertad del país, y por la felicidad de su gente. Él encarnó de forma vívida el anhelo de libertad, siendo un ejemplo luminoso de ética y la raíz de todas las victorias de la Patria.




El precursor del camino hacia la liberación nacional
El Presidente Ho Chi Minh fue un gran patriota, quien iluminó el camino de la liberación nacional de Vietnam, y se convirtió en el paradigma del revolucionario que consagra su vida entera a la causa del pueblo. Tenía un único deseo, una sola aspiración suprema:
“Mi único deseo, el deseo más ferviente, es lograr que nuestro país sea completamente independiente, que nuestro pueblo goce de total libertad, que cada compatriota tenga comida, ropa y acceso a la educación”.
Nacido en una familia de eruditos patrióticos y testigo del sufrimiento de su nación oprimida, desde temprana edad Nguyen Sinh Cung —más tarde conocido como Nguyen Tat Thanh— alimentó una ardiente aspiración de liberar al país.
En 1911, partió al extranjero en busca del camino para salvar a la patria con una determinación inquebrantable: “Quiero viajar, ver Francia y otros países. Después de observar cómo actúan ellos, regresaré para ayudar a mis compatriotas”. Durante 30 años de andanzas por Asia, Europa, África y América, entró en contacto con el marxismo-leninismo, y encontró el camino hacia la emancipación nacional de Vietnam. Afirmó con convicción: “Para salvar el país y liberar a la nación, no hay otro camino que el de la revolución proletaria”.

El primer gran hito bajo su liderazgo fue el triunfo de la Revolución de Agosto de 1945, que dio nacimiento a la República Democrática de Vietnam. En la Declaración de Independencia del 2 de septiembre de 1945, el Presidente Ho Chi Minh proclamó solemnemente ante la nación y el mundo:

“Vietnam tiene derecho a ser libre e independiente, y de hecho lo es. Todo el pueblo vietnamita está decidido a emplear su espíritu, fuerza, vida y bienes para defender esa independencia y libertad”.
Presidente Ho Chi Minh
Esa elección culminó en un hecho histórico trascendental: el 3 de febrero de 1930, bajo la dirección de Nguyen Ai Quoc (seudónimo del Presidente Ho Chi Minh), nació el Partido Comunista de Vietnam. Su fundación fue la cristalización entre el pensamiento revolucionario avanzado y el movimiento patriótico nacional, abriendo una nueva era para la revolución vietnamita. Ho Chi Minh estableció con claridad: “nuestro Partido es un partido revolucionario, de la clase obrera, pero también de todo el pueblo”. Desde entonces, como fundador, guía y timonel, lideró directamente el movimiento revolucionario de Vietnam hacia el camino firme de la liberación nacional.





Sin embargo, poco después, el país se vio obligado a enfrentar prolongadas guerras de resistencia contra el colonialismo francés y el imperialismo estadounidense. Durante esos años duros y sangrientos, el Presidente Ho Chi Minh fue no solo el máximo líder, sino también el alma de la lucha, infundiendo firmeza y esperanza en la victoria al pueblo entero. Su pensamiento “Nada es más precioso que la independencia y la libertad” no fue solo un lema, sino el principio rector de toda su vida revolucionaria hasta el último aliento.
El Presidente Ho Chi Minh también sentó las bases del nuevo Estado: un país del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Reiteraba: “El pueblo es la raíz del país”. Este principio se reflejaba tanto en su pensamiento como en su estilo de vida y liderazgo. Exhortaba a los cuadros y militantes del Partido a estar siempre cerca del pueblo, entenderlo, escucharlo y servirle. Afirmaba: “Mantener un lazo estrecho con el pueblo y escuchar siempre sus opiniones es la base de la fuerza del Partido y la clave de nuestras victorias”.

Incluso en sus últimos días, gravemente enfermo, dedicó cada pensamiento y emoción a la Patria y al pueblo. En su Testamento, escribió: “Durante toda mi vida he servido con todo mi corazón y todas mis fuerzas a la Patria, a la revolución y al pueblo”. No fue solo una declaración final, sino una verdad de vida que encarnó plenamente durante más de medio siglo de lucha revolucionaria.

El pensamiento y la moral del Presidente Ho Chi Minh brillan eternamente
Para el Presidente Ho Chi Minh, la moral revolucionaria no era un concepto abstracto o dogmático, sino la síntesis entre el ideal comunista y la compasión tradicional del pueblo vietnamita, entre la firmeza inquebrantable y un corazón bondadoso y tolerante.


Promovía valores como laboriosidad, ahorro, integridad, rectitud, consagración total a la causa pública y un desinterés ejemplar. Su estilo de vida era sencillo, cercano y solidario con el pueblo. Repetía que para liberar al país no bastaba el patriotismo; era imprescindible poseer una moral revolucionaria y luchar contra el individualismo, el burocratismo, la corrupción y el abuso de poder. Denunció el individualismo como el “enemigo interno”, la enfermedad más peligrosa para un revolucionario.


Para el pueblo, el Presidente Ho Chi Minh no fue solo un líder, jefe del Partido y del Estado, sino también un hijo devoto, un amigo sincero y un padre compasivo. Amaba al pueblo con un corazón cálido e incondicional, sin distinción de clase ni región. Para él, la verdadera medida de la independencia nacional era el bienestar del pueblo.
En su sagrado Testamento, expresó con honda preocupación: “Es necesario cuidar la vida del pueblo”, “formar la moral revolucionaria en las nuevas generaciones” y preservar la pureza del Partido, “para que sea verdaderamente digno de ser el dirigente y fiel servidor del pueblo”. Estas palabras finales no solo reflejan su última voluntad, sino también el ejemplo luminoso de su dedicación, amor y sacrificio ilimitado.



La vida del Presidente Ho Chi Minh es una epopeya heroica de entrega total por la independencia nacional, la libertad y la felicidad del pueblo. No solo hizo historia, sino que dejó un legado espiritual imperecedero. Su pensamiento, ética y estilo seguirán iluminando el camino de la construcción y defensa de la Patria, hoy y siempre./.
